jueves, 15 de enero de 2015

Táctica y Estrategia

Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 

mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.
 
Mario Benedetti

El libro Tibetano de la Muerte

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¿Zanahorias, huevo o café? ¿Qué elegís?

Una hija hablaba con su padre y se quejaba de la vida, lamentándose de que las cosas no le salían bien. No sabía qué hacer para seguir adelante. Se sentía sin fuerzas y a punto de rendirse. Estaba cansada y harta de luchar y luchar, sin obtener ningún resultado. Cada vez que solucionaba un problema, aparecía otro. Ya no podía más. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí tomó tres ollas con agua y las puso sobre el fuego. Cuando el agua de las tres ollas empezó a hervir, puso en una zanahorias, en otra colocó huevos y en la última granos de café. Las dejó hervir y se quedó mientras tanto en silencio. Simplemente se limitó a sonreír a su hija, mientras esperaba a que las tres ollas acabaran su proceso. La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.

Después de unos veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó los huevos y los colocó en un recipiente, sacó las zanahorias y las puso en un plato y finalmente, colocó el café en un tazón.
Mirando a su hija le dijo:
-Querida, ¿qué ves?
-Huevos, zanahorias y café, respondió. Hizo que se acercara y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera, después de quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro.
Luego le pidió que probara el café, ella después de tomar un sorbo, sorprendida e intrigada a la vez, preguntó: ¿Qué significa todo esto, padre?
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: “agua hirviendo”
Pero que los tres habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua, fuerte, dura; pero después de pasar por el proceso había quedado blanda y fácil de deshacer.
Los huevos habían llegado al agua siendo frágiles, su delicada cáscara protegía su interior; pero después de estar en el agua hirviendo, se habían endurecido.
Los granos de café, después de estar en el agua hirviendo, habían teñido el agua.
-¿Cuál de los tres elementos eres tú?…
Cuando la adversidad llama a tu puerta… ¿Cómo respondes? Le preguntó a su hija. -¿Eres como una zanahoria que parece fuerte pero cuando la fatalidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? -¿Eres como un huevo, que comienza con un corazón frágil, con un espíritu fluido, pero después de una pérdida de un ser querido, una separación o un despido se ha vuelto duro e inflexible?
Por fuera todo sigue aparentemente igual, pero por dentro estás amargada y rígida; y tu espíritu y corazón se han endurecido. -¿O eres un grano de café? Que es capaz de aprovechar la adversidad y lo que le causa dolor y justo cuando el agua llega al punto máximo de ebullición, es capaz de desprender su mejor sabor y aroma. Quiero que seas como el grano de café, que cuando las cosas se ponen mal, tú puedas reaccionar en forma positiva, sin dejarte vencer por las circunstancias y hagas que las cosas a tu alrededor mejoren.
Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumine tu camino y a todas las personas que te rodean.
“Que puedas siempre esparcir e irradiar con tu fuerza, optimismo y alegría el “dulce aroma del café”, para que nunca pierdas ese olor grato que solo tú y quien es capaz de atravesar por las más duras circunstancias sabe transmitir a los demás”

Cuento

Un religioso fanático mientras estaba disfrutando de la vista del mar sentado al filo en un muelle, cae y comienza a pedir ayuda.
Por su religiosidad comienza a pedir ayuda a Dios diciendo: “Sálvame Dios mio, yo soy tu fiel seguidor y digo tu nombre por todos lados, sálvame”.
Un pescador al ver que el hombre cayó al mar, se acercó con su bote e intentó rescatarlo, a lo que el religioso rechazó ya que estaba implorando a Dios y era la primera vez que le pedía algo.
Entonces siguió gritando: “Sálvame Dios mío, nunca te pedí nada, yo confío en tí, salva a tu fiel servidor”.
Entonces, otro pescador con su bote se acercó al escuchar los gritos de auxilio y nuevamente el hombre rechazó ser rescatado diciendo que estaba seguro que Dios escucharía su llamado.
Entonces, el hombre religioso, cansado de mantenerse a flote se hundió y murió ahogado.
Al llegar a las puertas del cielo lo recibe San Pedro y le dice que aun no está listo para ingresar al cielo y que debe esperar. Entonces reclamó: Pero como, encima de que yo he sido un fiel seguidor de Dios toda mi vida, además le pedí que me ayude y no lo hizo, ahora no me deja pasar. ¡Exigo entrar!.
A lo que San Pedro le dijo: Mira hijo, Dios te envío dos botes y tu no los aceptaste…
No sólo se debe ser útil a Dios, sino saber que en todo está Dios. El fanatismo puede llevarnos a la muerte.